Haz de tu barrio, un territorio de la
....:Tierra liberado de fronteraS:.


El proyecto “Patrimonio de la humanidad” se reapropia de esta gastada acepción, desde la decla-ración ciudadana de pequeños territorios en los que “La humanidad es su patrimonio”. Y lo hacemos a través de un acto psicomágico, la creación desde el chiste, desde la inocencia y el arte. Con una gran fiesta en la que colaboren la distin-tas culturas que allí viven, se de-clarará una Asamblea de las Na-ciones Unidas de ese barrio, con capacidad para dictar resoluciones unilaterales y trabajar conjuntamen-te con otros territorios liberados de las fronteras mentales. De esa ma-nera, los ciudadanos tomamos el po-der, sin necesidad de solicitarlo a la inoperante ONU ni otros perversos organismos. Por ello, legamos el lo-gotipo de esta campaña, que ha comenzado con unas pegatinas que se colocan en las tiendas y bares del barrio, a todos los locos que estén dispuestos a cambiar el mundo sin pedir permiso a ninguna autoridad.

Un simple paso en Gimp (retoque gráfico) y podrás sustituir el nombre de Lavapiés” por el de tu barrio, pueblo o ciudad.

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11/03/2005
Lavapiés, patrimonio
de la Humanidad,
La humanidad,
patrimonio de
L
avapiés

El juego de palabras que sirve de carta de presentación a esta gran fiesta encierra una doble lectura. La primera es la evidente, que en un barrio delimitado por una pocas calles, en apenas unos metros cuadrados, conviven desde hace ya una década todas las civilizaciones humanas y representantes de buena parte de los países.

Podemos decir, sin temor a exagerar, que jamás en la historia del ser humano había ocurrido nada semejante. Se habla de Toledo en la Edad Media española, pero sólo convivían gentes de tres religiones. Se conoce de experiencias multinacionales en comunidades adelantadas como los kibbutzs israelíes, las comunas hippies o Auroville, en la India, pero todas ellas han salido de la ciudad y son, de una u otra manera, hijas de una misma religión o corriente espiritual. En Lavapiés, en el centro de Madrid, una de las metrópolis europeas, conviven negros africanos animistas y musulmanes; magrebíes, turcos, kurdos y árabes musulmanes; indios, pakistaníes y bangladeshíes hinduístas y musulmanes; chinos ateos y taoístas; indígenas ecuatorianos, criollos y mestizos de toda América Latina, europeos del este ortodoxo y occidentales de casi todos los países, de un lado y otro del Atlántico... mezclados con el componente étnico tradicional madrileño, el chulapo y los gitanos, muchos de ellos, evangelistas, más los jóvenes que se acercaron al barrio en los últimos años.

Todas y cada una de las personas que viven o hacen su vida en Lavapiés participan, aún sin saberlo, en el mayor experimento humano que haya realizado esta especie. En la pequeña marmita que delimitan sus cuestas y callejones, se cocina un cocido sinigual, en el que cabe la danza del vientre, el cuscús y las arguilas; la salsa y el mojito; el chotis y el rock and roll; el kebab y el sitar, el reggae y el raí, la pachanga y los tangos, la capoeira y el taichi... Quizás por ello tantos artistas hayan encontrado su inspiración en esta antigua medina....

Hemos dicho que es un experimento, pero hemos mentido. Nadie se ha propuesto nada, cada uno vino aquí con un objetivo, y aquí se ha acomodado por sus propias razones. El destino, o el único Dios, para los creyentes, le ha colocado aquí y basta.

La razón que inspira esta jocosa declaración es algo muy serio: celebrar el habernos reunido. Sentirnos orgullosos de haber conseguido lo que jamás el ser humano había logrado... Y dar un paso más alla.

Con el orgullo de saberse representante de la cultura que a cada uno le vió crecer, la declaración unilateral (es decir, por parte de los ciudadanos) de Lavapiés, como patrimonio de la Humanidad, encierra una pretensión más ambiciosa: queremos decirle al mundo que lo hemos logrado, que es posible convivir en paz, que merece la disfrutar de cada una de las culturas humanas. Y por ello, le decimos a la Humanidad que este barrio es suyo, que es un espacio sin fronteras, presidido por la humanidad (esta vez, con minúsculas).

Es decir, los ciudadanos de Lavapiés, a día de hoy, conscientes del gran honor que se ha depositado sobre ellos, devuelven ese honor proclamando una nueva manera de convivir, recuperando los preceptos humanitarios que un día vivieron todas las sociedades tradicionales del planeta Tierra para la creación de una nueva raza en la que caben todas las músicas, todos los sabores, todas las creencias. Haciendo de la “humanidad”, en definitiva, el precepto fundamental de su modo de vida, de su modo de relacionarse.

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